Sin control
Clara dejó el abrigo sobre una silla y fue directo a la cafetera. La trasnochada todavía le pesaba en el cuerpo; Julián conocía los detalles, incluso había elegido el vino que compartieron. Ella le alcanzó una taza mientras él revisaba los tableros. Una colonia de palomas aparecía marcada en rojo: el algoritmo marcaba recuperación de fertilidad después de setenta y dos horas sin nicarbazina. Julián amplió el informe. Clara bebió el café sin apartar la vista del monitor. Unas horas antes había llegado primero al departamento, puesto música y entrado en la ducha. No escuchó la puerta ni los pasos de Julián hasta sentir la esponja bajar por su espalda. Él todavía llevaba la camisa; Clara apoyó las manos contra la pared. Cuando la esponja bajó hasta sus muslos, se volvió, tiró de la camisa mojada y lo llevó con ella bajo el agua. Más tarde, mientras Julián seguía en la ducha, Clara cruzó desnuda al dormitorio. El implante vibró bajo la piel de su brazo; silenció el teléfono y se recostó bo...